El individuo libre contra el estado profundo

 

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Por Jon Rappoport.

Las personas que dirigen la sociedad se dedican a crear sistemas y estructuras en alineación entrelazada, con el fin de crear máquinas cada vez más grandes de control.

Sigo regresando a este territorio, porque todo el empuje de la civilización moderna está haciendo extinto al individuo.

Impotente, mal educado, a la deriva en la tecnología, visto como una unidad atada a un colectivo masivo, ésta es la imagen del individuo.

Volvamos la primera casilla. El individuo está fundamentalmente en desacuerdo con el Estado. El Estado quiere control. El Estado quiere lealistas, adherentes, unionistas, conformistas. El individuo quiere la libertad, si tiene alguna idea de su propio poder.

La constitución básica del Estado se promueve como Nosotros. Nosotros queremos esto. Nosotros necesitamos esto. Nosotros nos lo merecemos. Nosotros estamos todos de acuerdo en esto. El omnipresente Nosotros es puesto a propósito. El objetivo es erradicar el Yo. El individuo.

El Estado quiere que todos los argumentos se centren en lo que debemos obtener. ¿Deberíamos darnos esto o aquello? ¿Debemos tener A o B? ¿Qué es lo mejor para nosotros?

Aquí es donde empiezan todos los problemas.

El Estado no va a resolver ese problema porque lo está creando.

Por otro lado, el individuo que es libre sabe lo que quiere. O puede descubrirlo. Tarde o temprano, se da cuenta de que la mayoría de las personas que lo rodean no son libres. Esas personas se han incrustado tan profundamente en Nosotros que no pueden ver fuera de ello. La idea misma de ser libre carece de significado para ellos.

Que así sea.

En última instancia, cuando todas las apuestas están en marcha, cuando todas las fichas se ponen en la mesa, el juego del Estado es todo acerca de nosotros. Así es como el juego está amañado.

El individuo está descartado.

La rueda de la ruleta gira, pero no importa en qué ranura cae la bolita. Ninguna ranura es etiquetada como “individual“.

Y no estoy hablando sólo del Estado. Cualquier organización grande trabaja de la misma manera.

Así que el individuo libre tiene que tomar su futuro en sus propias manos.

Primero, tiene que concebir que tiene un futuro aparte de Nosotros.

Entonces tiene que imaginar cómo podría ser ese futuro. Tiene que inventar el futuro que quiere.

Lo que se llama “lo espiritual” no es independiente de lo que estoy hablando aquí. La forma en que el individuo libre imagina su futuro y luego va hacia ello después de inventarlo es una exploración espiritual. ¿Por qué? Porque el individuo es más que una bio-máquina. Sabiendo eso, concibe un futuro que es más que las necesidades físicas más bajas del común-denominador.

En mi colección, Salida de la Matrix, incluyo docenas de ejercicios de imaginación y técnicas que desarrollé, basado en un estudio del antiguo Tíbet, y mi trabajo con el hipnoterapeuta Jack True. Todo el propósito de esos ejercicios es: que el individuo vuelva a sí mismo y a su poder.

No el Nosotros. El Yo.

Todo el planeta se está convirtiendo en un culto, al que yo llamo: “Lo Que Ya Existe“. En contraposición al individuo inventor de lo que más profundamente quiere que exista.

Lo Que Ya Existe es en su mayoría estructuras y sistemas. En la medida en que una persona siente que su vida debe ser vivida dentro de una estructura, se va a abstener de imaginar el futuro que realmente quiere.

De hecho, toda la noción de lo que “verdaderamente quiere” va a encogerse y desaparecer de su mente.

Pero esa noción es la clave.

La clave de su libertad y de su poder creativo.

Traducido del inglés: https://jonrappoport.wordpress.com/2017/01/28/the-free-individual-vs-the-deep-state-3/

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